Wednesday, May 14, 2008

Quien calla otorga

Después del descalabro en Blogalia, por aquí andamos de nuevo, gracias a la amabilidad de Víctor, que ha reconstruido provisionalmente los contenidos originales, al margen del formato. Próximamente recuperaré los enlaces a otras páginas.
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La producción de majaderías ocultistas, misterios de papel cuché y libros sobre falsos enigmas históricos destinados a exprimir el bolsillo del consumidor, previa lobotomización de la facultad crítica del comprador, es abundante en nuestro país. Sobran números, que seguramente son altos, aunque quizá menores que los de otros países europeos: me basta con la presencia habitual de engañabobos en los periódicos, en la televisión y en la radio, últimamente escorados hacia la historia y sus misterios, disciplina que es sometida, violada, maltratada, retorcida, y usada por los especialistas en inventarse lo que no supieron aprender en las facultades correspondientes. Le comentaba recientemente a un periodista que echaba pestes de El código da Vinci que el éxito editorial de invenciones históricas como ésta es un síntoma llamativo, quizá de algo más que del simple aburrimiento y el tedio generalizados. El éxito de El código da Vinci como movimiento obsesivo-compulsivo del espíritu, semejante al de esos mamíferos enjaulados que trazan la misma trayectoria una y otra vez en sus prisiones.

Esa producción misteriófila siempre ha tenido un volumen tal en España que la labor crítica y refutadora se ha visto limitada a pequeñas acciones -aunque no por ello poco efectivas- comparadas con la cantidad de barbaridades mediáticas. Hay que sacar a los kioskos una revista al mes, un programa de radio o un artículo a la semana, y la cantidad de absurdos intercalados entre preposiciones, verbos y artículos es sorprendente. Los escépticos sensibilizados se han visto siempre desbordados, y cuando no, han decidido dejar que el rosario de perlas magufas corra, convencidos de que no vale la pena hincar el diente a tamaños despropósitos, porque nadie con cierto sentido común se los va a tragar. Entre los escépticos también hay algunos más ilusos que otros…

Afortunadamente en los últimos tiempos han aparecido algunas críticas con afán exhaustivo, es decir, se coge un libro con contenidos disparatados, pseudocientíficos o pseudohistóricos y se refuta de principio a fin, como quien ara en una finca hasta el último metro cuadrado. Este esforzado trabajo lo están realizando dos escépticos en estos momentos con otros tantos libros, así que considero que vale mucho la pena citarlos aquí, y que quien quiera lo haga constar donde le parezca oportuno.

El primero de ellos es el historiador José Luis Calvo Buey que desde su blog Escritos desde el páramo (que nada tiene que ver con unos hipotéticos diarios de Mad Max, creo) está desmenuzando el contenido de Los guardianes del secreto de Lorenzo Fernández Bueno, una obra escrita al calor de la afición por los pseudo-enigmas históricos. Es de risa, por eso Calvo ha titulado su sección Los diversos misterios jocosos. Con anterioridad, Calvo se metió con el ya citado código “davinciano”, de ese lince que es Dan Brown, que seguramente no tuvo la precaución de leer El péndulo de Foucalt de Umberto Eco, novela que satiriza lo que pasados los años se convertiría en una manía consumista y en un negocio editorial basado en las falsificaciones históricas, y en una falta de respeto, por tanto, a los muertos, y a los vivos que no son capaces de discriminar entre la divulgación histórica de calidad y las pajas mentales de inspiración teosófica y neo-vondänikeanas. Quisiera añadir un comentario sobre la posición desde la que Calvo examina la obra citada, y por extensión, cualquier manifestación literaria sobre historia alternativa, oculta o esotérica, que es la que cuenta con el favor del público. El aporte de datos que contradicen las tesis mantenidas en la obra que analiza no tiene la esperanza de convencer a nadie, puesto que lo esotérico y misterioso se basa en una lógica hecha a medida inmune a las críticas externas. Estas creencias son previas a la búsqueda de confirmaciones empíricas o historiográficas. Esto es totalmente cierto, creo, y lo sensato es tenerlo en mente siempre que la crítica escéptica pretenda la desaparición de ciertas ideas o imaginaciones; pero no por ello es menos necesaria esa clarificación, ya que los adeptos, creyentes o consumidores que albergan esas creencias en sus cabezas no forman un todo compacto, y no todos han claudicado en su capacidad de poner en cuestión las gilipolleces que el gurú ufológico, paranormalista, o astroarqueólogo ha soltado de palabra o de obra escrita. La crítica se siembra a voleo, que luego germinará donde encuentre lugar propicio; y siempre lo hay.

La otra autopsia la está efectuando Lola Cárdenas Luque en su blog Uno por uno, uno; uno por uno, dos; uno por uno…, y el cadáver es un librejo de Pedro Amorós, presidente de una congregación llamada Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP), ex ingeniero, ex miembro de SETI, ex del FBI y ex del Mosad, el de las teleplastias, vaya, otro con chaleco multibolsillos, el de los muertos parlanchines psicofónicos, y otro montón de cosas extraídas de la cultura popular pseudocientífica. El libro de Amorós lleva por título, agárrense, Psicofonías, ¿quién hay ahí? El misterio de la transcomunicación, y las detalladas críticas de Lola pueden leerse aquí y aquí. La cosa iba acompañada de un CD con grabaciones psicopómpicas, perdón, psicofónicas, a las que también dedicó otra entrada. La autora irá agregando, poco a poco, nuevas críticas de los capítulos de la citada obra, así que habrá que estar atentos. No me olvido de señalar especialmente el pormenorizado análisis que de las jornadas parapsicológicas del SEIP celebradas en la casa de la cultura del Ayuntamiento alicantino de Monforte del Cid los días 1 y 2 del presente mes ha empezado a subir Lola al citado blog Uno por uno…, y sobre las que se reunieron 77 firmas indignadas tras una iniciativa surgida de la lista Charlatanes. Ayer sábado La Opinión de Tenerife reprodujo la carta de protesta. Pueden verla yendo a la sección “Suplementos” y luego a “2·c”, página 4.

Al margen de estos trabajos en marcha, me apetece recordar otros dos análisis desmitificadores especialmente significados, uno en forma de artículo y otro con formato de libro. Hay más, afortunadamente, y quien quiera puede recordarlos en la zona de comentarios de esta entrada, que serán bienvenidos y tenidos en cuenta en el futuro. Es bueno periódicamente refrescar la memoria, ya que los tópicos misteriosos suelen pasar a primera línea de escena cada cierto tiempo; los nuevos interesados deben tener a su alcance también las críticas y los datos incómodos para la farándula paranormalera.

El artículo tiene por autor a Luis Alfonso Gámez, que efectuó una crítica -considerada un pequeño clásico del escepticismo español- de El código secreto. Los misterios de la evolución humana, una de las colecciones de barbaridades que a Bruno Cardeñosa le ha dado por sacar a la luz (o más bien a la oscuridad) en los últimos años. La crítica de Gámez lleva por título Un feriante en la corte de Lucy. Les recomiendo su lectura, o relectura, mejor aún. Recuerden que la risa produce hipo a veces.

El libro lleva por título El expediente Manises, y no trata sobre el cultivo y comercialización de tan sabroso fruto seco, sino del más acojonante relato platillista (¿qué no sabe Vd. lo que es el platillismo?; otro día se lo explico) ocurrido en nuestro país. Juan Antonio Fernández Peris fue el analista que, pacientemente, dedicó muchos años a destripar la fantasiosa construcción en que se basó desde el mismo año 1979 el relato de los testimonios de los pilotos de la aeronave que decidió aterrizar en el aeropuerto valenciano de Manises, los del personal de tierra del citado aeropuerto, y el del piloto del Mirage F-1 que se dedicó a perseguir la negrura nocturna durante un buen rato por si quedaba algún rastro de lo que, supuestamente, habían visto sus compañeros civiles. La historia, bien adornada, reconvertida y violentada por un encantador de planetas, se convirtió en una especie de fetiche para los creyentes en los ovnis, en un objeto de culto en forma de libros para lectores con amplias tragaderas. La Fundación Anomalía publicó el ensayo de Fernández Peris en 2001, a lo siguió ruido de cadenas, rechinar de dientes, lamentos a lo alto y simulaciones de ordenador que pretendían demostrar la imposibilidad de las tesis del autor. La segunda edición de la obra está en marcha, con algunos retrasos, y en ella, según tengo entendido, recoge y replica a quienes se rasgaron las vestiduras ufológicas y a quienes creen que la realidad y lo plausible es un juego de Tetris, en el que basta encajar unos cuantos polígonos amañados para que todo cuadre a gusto de uno.

Vayan a los links indicados y disfruten.

¡Eh, no se vayan que aún hay más!: les recomiendo una visita al nuevo periódico on-line The Teleplastic Inquirer, para estar al día de todas las asombrosas novedades criptozoológicas, paranormales, nietos primos y demás familiares. Por fin todos estos temas tratados con la seriedad y el rigor que es debido.

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Una concejalía muy, muy paranormal

Los rescoldos de Bélmez siguen activos. Aún esperamos por los supuestos análisis que tres laboratorios no identificados estarían realizando de algunas muestras de las teleacuarelas jiennenses. Es uno de esos auténticos misterios que se producen en el mundo paranormal y platillista. Aún recuerdo el pretendido análisis que Juan José Benítez estaría realizando de las fotos de los misiles Poseidón observados desde Canarias el 5 de marzo de 1979, una vez que Ballester Olmos y yo le dimos la puntilla al caso en un artículo publicado en la Revista de Aeronáutica y Astronáutica. Palabras al viento.

¿Que no hay resultados aún de los análisis de las pinturas de Bélmez?; ¿cómo es eso? El mayor descubrimiento científico de la historia y aquí estamos esperando aún, como si se tratase de un puto análisis de sangre traspapelado? Olvidémonos de los laboratorios y vayamos a la plaza pública, que es donde en realidad se ventilan los asuntos paranormales, al calor de cuchicheo y del carisma irracional de los abiertos de mente y de los cultivadores de perlas magufas. La plaza pública es, es esta ocasión, nada menos que la Casa de Cultura del Ayuntamiento alicantino de Monforte del Cid, y la propia Concejalía de Juventud del citado municipio. A la concejala no se le ha ocurrido otra cosa que ceder un centro de cultura al SEIP, la congregación de “parapsicólogos” y astrólogos más dicharachera del barrio paranormal español, al menos en los últimos tiempos, para que ofrezcan un panorama de su universo de creencias mágicas e irracionales, para que la juventud se cultive, en suma.

En la lista de correo electrónico Charlatanes se ha preparado esta carta, que será enviada a todos los medios de comunicación que se considere oportuno. Puede firmarla quien quiera enviado sus datos (nombre, número de DNI y profesión) a esta dirección: pensamientocritico@gmail.com Se agradece su máxima difusión, en blogs y páginas web, incluso entre conocidos y familiares. Hay muchas personas a las que, probablemente, no les resulte agradable que el dinero de un Ayuntamiento se gaste en semejantes representaciones. Esta es la misiva:
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Carta abierta
Sra. Alcaldesa de Monforte del Cid,
Dª Antonia Cervera Carrasco

Quienes suscribimos deseamos expresar nuestro desacuerdo por la utilización de bienes, instalaciones y personal públicos en la promoción de las pseudociencias y de la superstición disfrazada de investigación con la realización de las “Jornadas S.E.I.P. de parapsicología”, a celebrarse en la Casa de la Cultura de Monforte del Cid el 1º de abril.

Consideramos que es responsabilidad de las autoridades electas democráticamente el no promover creencias extravagantes, especialmente si desvirtúan los hechos y pretenden hacerse pasar por cultura o ciencia. Usted, como Presidenta de la Comisión de servicios sociales de la Federación Valenciana de Municipios y Provincias, debería tener presente que los servicios sociales implican la difusión de información sólida, la promoción

de la razón y de la capacidad crítica y cuestionadora de los ciudadanos, no la celebración de reuniones esotérico-mágicas que suelen tener el objetivo último de vender diversos materiales y captar adeptos.

El que estas jornadas sean coorganizadas por la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento da una lamentable carta de legitimidad a prácticas opuestas a su responsabilidad de dar a los jóvenes información legítima, opciones razonables y armas para enfrentar los retos del mundo real. Y ello sin considerar el descrédito público que enfrenta una administración pública al vincularse estrechamente a la promoción de afirmaciones paranormales extravagantes.

El que los beneficiarios de estas jornadas publicitarias y otros vendedores de misterios se digan científicos, afirmen hablar en nombre de la ciencia, simulen que disponen de “conocimientos”, o se finjan víctimas o “nuevos Galileos incomprendidos” no pasa de ser una argucia de ventas para sus servicios y productos como si fueran “conocimientos reprimidos” en lugar de fantasías indemostradas, ya que no cuentan con reconocimiento académico, universitario ni científico, ni con estudios serios sobre sus afirmaciones, ni credibilidad fuera del mundillo del “misterio”. A cambio, muchos vendedores de creencias paranormales sí ostentan titulaciones inexistentes y afirman falsamente ser miembros de organizaciones científicas para darle credibilidad a los productos y servicios que ofrecen.

Consideramos que el Excelentísimo Ayuntamiento de Monforte del Cid tiene la responsabilidad ética, política y humana de:

1. Aclarar si el Ayuntamiento promueve, acepta o utiliza en su gestión cotidiana la adivinación, la comunicación con espíritus y la magia que promueve con estas jornadas, es decir, si la labor de gobierno que ejerce y su toma de decisiones se rigen por las creencias en lo paranormal.

2. Exigir que los beneficiarios de esta actividad publicitaria cubran en su totalidad los gastos que pudieran haber causado al Ayuntamiento y a cualquier otra entidad pública.

3. Promover y realizar una actividad de igual o mayor alcance y difusión, con genuinos científicos, divulgadores, docentes e investigadores, que aborden la importancia del pensamiento racional en nuestra vida diaria y la necesidad de ser críticos con las afirmaciones extravagantes de todo tipo, y al mismo tiempo que informen al público de los mecanismos del engaño empleados por los vendedores de misterios, para ayudar a evitar que la ciudadanía caiga en los habituales engaños del ocultismo. Sería una oportunidad de presentar de manera entretenida datos claros acerca de las mentiras, engaños y falsedades del ocultismo en todas sus vertientes, los alcances del negocio de lo paranormal, y, en general, la crítica al oscurantismo anticientífico y su manipulación interesada de los hechos, crítica que sí ocultan y censuran los promotores del esoterismo más basto.
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Que les aproveche. Las jornadas de parapsicología, tabla oui-ja, astrología y demás quedan que ni pintadas (no lo digo por…) este año. En el fondo, el Quijote, la teoría de la Relatividad, Julio Verne y Hans Christian Andersen son gilipolleces pseudoculturales. ¡Bravo por la imaginación de los responsables del Ayuntamiento! Otro día les hablo de unas jornadas que se celebran en el municipio tinerfeño de La Matanza de Acentejo, que también recibieron su cartita, y no para los Reyes Magos, precisamente (aunque podrían haber sido invitados, dado el nivel de realidad de algunos de los temas tratados).

Noticia esperanzadora

Así titulaba hace algunos días el bioquímico y divulgador científico de la ULL José María Riol Cimas en la lista de distribución de correo electrónico Esceptican su comentario en torno a la noticia que difundió RNE-Radio1, en la que se aseguraba que el Ayuntamiento de Agüimes (Gran Canaria) denunciará ante los tribunales a aquellas cadenas de televisión locales que emitan programas de cartomancia y adivinación en general, y que cobran sus llamadas mediante líneas telefónicas 806 y similares.

Quizá sería conveniente poner entre interrogaciones el título de esta entrada, ya que desconocemos en este momento la auténtica razón de esa decisión del consistorio grancanario. Ojalá no se traté exclusivamente de una maniobra en pro de la buena imagen del ayuntamiento, y parta de una auténtica preocupación por la educación y el buen gusto televisivo, algo que desconocen las locales en la inmensa mayoría de los contenidos de la parrilla de programas. Al margen de ello, la imagen de ese ayuntamiento saldría beneficiada, sea o no esa su intención, o cualquier otra que me reservo para no parecer inoportunamente desconfiado. Esta denuncia también puede caer en saco roto: son conocidos los particulares condicionantes que deben producirse en el trato entre un desvergonzado adivinador y su cliente para que dé lugar a un delito punible. La ley presupone el conocimiento del escenario, la retórica y las buenas intenciones del experto tarotista por parte del cliente (lo cual es mucho suponer), y que éste acude movido por una decisión voluntaria, propia y en cierto modo racional (lo cual es suponer aún mucho más, hasta volver ridícula la interpretación de la normativa legal en este aspecto). En todo caso, me quedo, y nos quedamos otros escépticos canarios, creo, con la información en bruto: ese supuesto interés manifestado por denunciar la mierda televisiva astro-tarotista. Sería conveniente que otros municipios tomaran decisiones similares; por ejemplo, La Orotava, Santa Cruz de Tenerife y San Cristóbal de La Laguna, donde tenemos algunos ejemplos de aduladores del tarot, unos más entrados en carnes que otros, con el pelo más o menos teñido, aquel más bien joven y paradigmáticamente baboso en sus formas y dicción, todos más o menos frikies, y siempre con esa capacidad vomitiva, con ese efecto de lavativa mental, y con esa habilidad para disparar potencias de diez de gilipolleces por minuto.

También hay otra noticia verdaderamente esperanzadora: la aparición en el mercado editorial hispanoamericano de un nuevo libro de orientación escéptica sobre pseudociencias. Si en noviembre de 2004 fue Equipo Sirius de Madrid quien puso en las librerías españolas Ciencia y pseudociencias: realidades y mitos, ahora es la editorial portorriqueña Callejón, la que, de la mano del exdirector del radiotelescopio de Arecibo Daniel Altschuler, Joaquín Medín y Edwin Núñez ha comenzado a distribuir en todo el mercado hispano la obra Ciencia, pseudociencia y educación, prologada por un buen amigo de mihterioh de la siensia, el Dr. Carlos Álvarez, profesor de Psicología en la ULL.

Algunos de los temas tratados en el libro son: características del razonamiento pseudocientífico, construcción de hipótesis irrefutables, construcción de argumentos a partir de semejanzas espurias, acumulación cuantitativa de supuestas pruebas como sustituto de su calidad, tendencia a subestimar la probabilidad de las coincidencias, tendencia a percibir orden en arreglos aleatorios, propensión a ignorar pruebas desfavorables, propensión a descartar hipótesis alternativas, la Astrología como pseudociencia milenaria, la creencia en extraterrestres, etc.; es decir, un auténtico tratado sobre razonamiento magufo, una obra que deberían leer y estudiar la inmensa mayoría de los ufólogos, los criptozoólogos y el resto de la fauna pseudocientífica que pulula en las radios, televisiones y prensa de toda España.

El libro estará disponible próximamente en la librería Iberoamericana de Madrid. (91-429 35222), y también puede ser solicitado a Elizardo Martín edicionescallejon@yahoo.com Le deseo un excelente número de ventas, y que cunda en su labor educativa. Pero no va a ser esta la única novedad editorial escéptica a lo largo de este año. Estén atentos.

Y para qué les voy a contar más… Si quieren enterarse de la nueva trastada que el equipo de Tercer delirio, de la cadena SER, ha perpetrado, ahora en la persona de Ángel Carretero y su libro en el que hace papilla el caso de los extraterrestres de Conill (Cádiz), lean la nota que Gerardo García-Trío subió a Bajo el volcán, y así pasarán una tarde con humor y alegría de la vida. O asómbrense aquí del ofrecimiento que el mayor fan de James Randi, el sacapasta Uri Geller, ha hecho a la localidad inglesa de Carlisle para librarla de todo mal relacionado con un pedrusco encabronado. A mí, por hoy, no me queda más que tomarme un santateresacola.

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Ciencia e irracionalidad en la cultura contemporánea

El próximo día 3 de marzo se inicia la nueva edición del curso interdisciplinar de la Universidad de La Laguna (ULL) Ciencia e irracionalidad en la cultura contemporánea, que se extenderá hasta el 28 de abril. El curso es ya un clásico -y único en España en la actualidad- de la oferta lectiva de la citada institución académica, que cuenta con el patrocinio de diversas entidades como el Ayuntamiento de La Laguna, ARP-SAPC, la Fundación Anomalía y Apeles Limpiezas.

Uno de los principales frutos de este curso es la publicación en la editorial Equipo Sirius (Madrid) el pasado mes de septiembre de 2004 del libro Ciencia y pseudociencias: realidades y mitos (disponible en librerías), del que fueron editores científicos los doctores de la ULL Inés Rodríguez Hidalgo, Luis Díaz Vilela, Carlos Álvarez González y José María Riol Cimas, coordinadores y directores a su vez de anteriores ediciones del curso interdisciplinar que comentamos.

Con la presente edición, son ya cinco los años que este curso lleva impartiéndose dentro de la oferta de créditos de libre elección de la ULL, con un más que aceptable número de matriculados año tras año (más de 100 en su tercera edición, la cota más alta, por ahora). En esta ocasión, los coordinadores del curso hemos introducido algunas variaciones temáticas respecto a la del año pasado, con la pretensión de adecuarlo, aún más, a las materias y aspectos señalados de la divulgación científica contemporánea y las creencias de carácter irracional o pseudocientífico, que son los dos grandes bloques en los que tradicionalmente se divide el curso.

Algunos de los temas que abordaremos en el primer módulo son: una aproximación general al método científico, la teoría de la evolución, la mecánica cuántica, el planeta Marte, la inteligencia artificial, las matemáticas como ciencia básica, la clonación y el genoma humanos, los alimentos transgénicos y la geología de Canarias.

En el segundo, los asistentes podrán conocer una aproximación crítica a las experiencias inusuales, al uso de la ciencia en la publicidad, los supuestos “misterios” de la mente humana, la astrología, el mito de las visitas extraterrestres, la Atlántida, los “fenómenos paranormales”, las pirámides de Güímar, y la Sábana Santa, así como asistir a un coloquio-debate sobre las mal llamadas medicinas alternativas. Los profesores invitados de la Península serán el periodista científico Luis Alfonso Gámez, que hablará sobre el complejo mito de la Atlántida; Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, que ofrecerá una aproximación escéptica a la Sábana Santa y otros “enigmas” del Cristianismo; y el popular divulgador científico Manuel Toharia, director del Museo de la Ciencia Príncipe Felipe de Valencia, que abordará la divulgación científica y la presencia de las pseudociencias en los medios periodísticos.

No es preciso recordar que los organizadores del curso no aspiramos la desaparición de las creencias paranormales e interpretaciones heterodoxas de la realidad, objetivo que no sería más que un espejismo voluntarista y escasamente racional: estas creencias mágicas y maravillosas siempre han estado presentes en el imaginario humano y siempre lo estarán, a pesar del enorme éxito explicativo de la ciencia empírico-racionalista. Por el contrario, nuestra pretensión irrenunciable es, a la par que la difusión del conocimiento científico básico, el acercamiento crítico y escéptico a los tópicos paranormales y doctrinas pseudocientíficas. De esta forma, el alumnado -y quien desee asistir libremente y sin compromiso alguno, como oferta de extensión universitaria que el curso es- tendrá acceso a una información que prácticamente nunca es ofrecida en los medios de comunicación, en donde predominan el sensacionalismo y la diseminación, como un género en sí mismo, de absurdas especulaciones o de antiguas creencias ocultistas bajo un barniz contemporáneo. Nuestro deseo es que el alumno adquiera o fortalezca su capacidad de discriminar entre diferentes versiones de un fenómeno o creencia, y que use el sentido crítico ante cualquier afirmación extravagante. La actitud intelectual deseable sería, según un conocido ejemplo metafórico, la misma que cualquier persona pone en marcha cuando desea adquirir un automóvil de segunda mano: acribillar a preguntas escépticas al vendedor sobre el estado general del vehículo. ¿Por qué no actuamos de forma similar ante cualquier astrólogo, adivinador, promotor de maravillas (milagros, apariciones), divulgador de historias de platillos volantes o sobre presuntos fenómenos paranormales, como el todavía reciente y esperpéntico caso de las “caras” de Bélmez de la Moraleda (Jaén), fraude rescatado del olvido después de más de 30 años? (véase el especial que El Escéptico Digital dedicó a este asunto el 16 de noviembre de 2004). Tiene usted derecho a que le informen adecuadamente.

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No pasó nada raro

Ayer me llamó la cadena SER de Las Palmas de Gran Canaria para una entrevista sobre… Yo pensé sobre la marcha que algo raro había pasado:

- quizá la luz majorera de Mafasca se había aparecido en la plaza de la Candelaria de Santa Cruz de Tenerife y la policía la tenía acordonada (a la luz, no a la plaza).

- tal vez San Borondón había emergido entre La Palma y El Hierro y ahora se podía ir caminando de una isla a otra. O entre Tenerife y Gran Canaria, con lo que el número de tópicos sustentados en ambas islas se resquebrajarían como se le resquebrajó la Realidad a Neo en Matrix, retenida por los millones de agentes Smith que montan guardia a la entrada de nuestras cavernas;

- a lo mejor los enanos, duendes y otros elementales del bosque grancanario de Ossorio habían decidido darse a conocer y aguardaban su certificado de autenticidad perfectamente formados ante una nube de fotógrafos escépticos;

- ¿había declarado públicamente una autoridad institucional del municipio palmero de Fuencaliente sobre la nave y los seres extraños que tuvo la oportunidad de contemplar hace algunos años acompañado de algunos militares y de no sé quién más? (yo qué sé, cualquiera que dé empaque al asunto, además de los militares…; Koizumi, el primer ministro japonés, por ejemplo);

- ¿o es que los norteamericanos habían decidido lanzar, a modo de “octava” de los años 70, un par de misiles Poseidon ante las mismas narices de los ufólogos vibracionales?

Pues no, no había pasado nada raro; sólo querían hablar de ufología, de ovnis. Durante un cuarto de hora los temas fueron los de siempre: que si Canarias es un lugar especial, que si el ocultamiento oficial, que si podía citar algún caso enigmático que hubiera investigado… A estos tres aspectos, mis respuestas, en resumen, fueron: no, no hubo y sí. Con este sí me referí, y comenté, el caso de la playa tinerfeña de Abades, el 9 de julio de 1992, del que quizá me ocupe pronto en este blog, a ver si alguien tiene la feliz iniciativa de embarcarse en su nuevo análisis y aclaración definitiva, destino natural y deseable de todos los enigmas, grandes o pequeños.

Pero la pregunta más interesante fue: ¿Cómo se investigan los ovnis? No era cuestión de ponerse a pensar allí a pelo sobre la dificultad de investigar algo que no hemos podido definir previamente. Y tampoco habría sido muy útil recordar las agotadas y supongo que descatalogadas obras de Vicente Juan Ballester Olmos, alimento básico para las últimas generaciones interesadas en las cosas que se ven en los cielos (y menos aún a Alberto Adell o a Allan Hendry). Cité a Horatio Caine, que como ustedes sabrán, no tiene existencia real, más que televisiva, ese “ufólogo escéptico” con un objeto nítido y bien definido de estudio: cadáveres humanos y su contexto. ¿Cómo se investigan los ovnis? (y las apariciones marianas, y el genoma humano, y la Revolución conservadora alemana, y la medicina galénica y las enanas marrones y…): pues como en CSI, de la misma forma que Horatio disecciona a los sospechosos, con el mismo espíritu que sus colaboradores recogen muestras y pruebas en el lugar y luego las llevan al laboratorio. Ni Horatio (ni los de Las Vegas) se resignan a un no explicado.

Sostenella y no enmendalla

Ayer asistí a una conferencia que llevaba por título Planetas y Vida en el Universo, impartida por el Catedrático de Física Aplicada Agustín Sánchez Lavega, de la Escuela Superior de Ingenieros de Bilbao de la Universidad del País Vasco, en el Aula Maga de la Facultad de Física de la Universidad de La Laguna. Sánchez Lavega dirige un equipo de investigación que trabaja en distintos proyectos de ciencias planetarias. Actualmente es miembro del Consejo Asesor para la Exploración del Sistema Solar de la Agencia Espacial Europea y co-investigador de la misión espacial Venus Express. Durante su interesante exposición Sánchez Lavega recorrió con cierto detalle todos aquellos astros de nuestro sistema solar con cierta aptitud, si me permite el uso de este término un tanto inapropiado, para albergar alguna forma rudimentaria de vida: Venus, Marte, Europa y Titán, del que presentó las ya famosas imágenes de su superficie y de los ríos de hidrocarburos y metano que forman mares, a la manera del agua terrestre. En la última parte de su charla abordó las condiciones astronómicas y bioquímicas necesarias para la emergencia de la vida, y unas pocas pinceladas sobre SETI.

Este blog, como incluso hasta el más corto de los magufos puede adivinar, trata de mihterioh de la siensia, es decir, de manías, inventos, creencias, enigmas, “tradiciones” y otras pajas mentales difundidas por gente con el colmillo retorcido, desde el magufo de encabronamiento fácil (si siente que la ubre a la que está agarrado peligra) al más pasteloso de los alternativos disfrazado de cordero, hermanos todos ellos de sangre, palabra, y, a veces, de obra. El mihterio que quiero recordar aquí es el que citó ayer el Catedrático Sánchez Lavega: el famoso careto marciano, imagen demolida por la Mars Global Surveyor en su visita al planeta rojo en abril de 1998. El “conjunto arquitectónico”, una falsa impresión producto de la menor capacidad de resolución de las cámaras de la nave Viking I en 1976, quedó reducido a formaciones geológicas naturales. Sin embargo, no he visto a nadie retractarse de sus opiniones anteriores, aseguró el conferenciante. Claro, ni lo verá nunca, porque el mundo magufo es una iglesia, y, como tal, mantiene un credo mínimo cerrado según el cual no puede retractarse de ninguno de los enigmas-enemas más suculentos y rentables. ¡Qué más que descubrir ruinas arquitectónicas o un centinela clarckiano deseaba la NASA!: ¡nada! Sin embargo, los creyentes acusan de conspiración y ocultamiento al organismo espacial norteamericano. Y los proponentes de la “cara” marciana se atrincheran en la irracionalidad, en el mismo surco irracional, sensacionalista y disparatado en el que llevan décadas los ufólogos y los paranormalistas. Algunos tendrían que dedicar el resto de sus vidas a hacer pública retractación de toda la basura que han publicado, proferido y ejecutado audiovisualmente. Sería su principal contribución a la educación pública.

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Brechas en lo paranormal

2004 fue un año interesante, e incluso importante, en lo relacionado con la difusión del escepticismo frente a lo paranormal, categoría que nadie sabe definir adecuadamente en la que se integran fenómenos variados y tan dudosos como la propia etiqueta que los engloba, estupendo ejemplo de lo que Francis Bacon llamó ídolos de la plaza pública, una de las fuentes de errores y prejuicios que dificultan el conocimiento objetivo de la naturaleza.

En este caso se trata de todas aquellas creencias y presuposiciones que se han transmitido mediante rumores y divulgaciones amarillistas o crédulas, y que acaban convirtiéndose en hechos dados, puras presuposiciones consolidadas por su uso continuo para quien no las cuestiona, pero muy sospechosas para quien desea examinarlas críticamente.

Fue 2004 un año importante porque uno de los misterios más populares de la paranormalia/parafernalia española empezó a resquebrajarse. Ya era hora. El antecedente más importante en este sentido fue la desclasificación de los archivos del Ejército del Aire relacionados con observaciones de ovnis en la última década del siglo XX, que propició el derrumbe de dos leyendas simultáneamente: el valor de la documentación recopilada durante décadas por el organismo castrense, bastante escaso, y la propia categoría de secreto militar, interpretada hasta entonces por los bufones de los platillos volantes como la gran ocultación, que ahora quedaba en evidencia como una falacia autojustificadora de este gran mito.

Los artículos publicados por Javier Cavanilles en El Mundo supusieron una tremenda brecha en el avejentado casco del buque de las teleplastias jiennenses. Y no fue necesaria una compleja investigación, ni conocimientos especializados, ni un gran desembolso económico para infraestructuras; fue suficiente un poco de juicio crítico, unos pocos artículos en los que se hablaba claro y el eco otorgado por un medio escrito de comunicación masivo. Para acceder a lo fundamental de toda esta historia es recomendable la lectura del número especial de El Escéptico Digital, de 16 de noviembre de 2004 y revisar los artículos que Mauricio José Schwarz ha dedicado al tema en los últimos meses, currículos inventados incluidos. De la lista de correo electrónico Charlatanes (desde el mismo blog de Schwarz se puede acceder a ella) partió originalmente la idea de enviar un dossier, a medio camino entre lo informativo y lo protestón, a todos lo medios españoles por el defectuoso tratamiento que dedican habitualmente a lo misterioso. Y es que los reportajes aparecidos en varias televisiones sobre Bélmez un mes antes habían sido vengonzosos, auténtica tomadura de pelo para el televidente (entiéndase por televidente el que ve la tele).

A principios de enero de 2005 aún colea el asunto; y aún esperamos las pruebas definitivas de que los caretos de Bélmez son un fenómeno paranormal y, por tanto, que van a propiciar la mayor revolución científica de toda la historia: la comprobación definitiva e irrefutable de que existe una esfera de la realidad trasmundana, un más allá, un micro-agujero blanco al alcance de cualquiera, un mar que construye castillos de arena en la playa, un viento y una lluvia que erigen montañas… La historia de la ciencia se dividirá en antes y después de Bélmez. Bien es cierto que tal logro podría haber tenido un antecedente, si no tan casi tan revolucionario para la ciencia, sí igual de impactante mediáticamente como los muertos que practican auto-estampaciones en el pueblecito andaluz: ¿les suena el investigador (perdón, se me fue la palabra), el novelista que dijo que su intención a la hora de escribir su librito de diálogos 100.000 kilómetros tras los ovnis era mostrar a cuantos todavía dudan que los ovnis existen y que son naves extraterrestres? Creo que las posibilidades de que los de Bélmez partan la historia de la ciencia en dos son las mismas que las que el afamado novelador de cuentos de misterios tenía de probar algo con su libro. Pienso compuesto para crédulos.

La actividad escéptica o crítica no quedó reducida a Bélmez, con ser muy meritoria, y no sólo por poner en evidencia lo que era más una superstición enquistada que un supuesto fenómeno enigmático: la crítica fue ejercida contra lo que también era en sí mismo una representación mediática de consumo entre los aficionados, y fue sometida a una inspección semejante a la que podemos encontrar en otros aspectos de la actividad social no paranormal. Esto molestó especialmente a los implicados en este risible asunto. Esa actividad, digo, o esos episodios relevantes, tocaron también a la creencia platillista: la alerta ovni del 25 de junio convocada por un programa de radio de la SER sirvió para que Magonia y unos cuantos colaboradores pusiese en marcha un proyecto homónimo, que aunque no tuvo el resultado esperado en forma de platillos volantes diseñados para la ocasión -habrá otras-, sí cumplió la necesaria labor crítico-irónica para con tan esperpéntica iniciativa mezcla de montaje radiofónico populachero y recurso a la castrada emotividad nuevaerística y otras lavativas psicológicas. Dediqué unas líneas relativamente amplias a todo ello; léalas aquí.

Vale la pena citar también la publicación de Humanoides en Conill, de Ángel Carretero Olmedo, un colaborador de la Fundación Anomalía que ha dedicado los últimos años a desmenuzar el popular suceso de la playa gaditana de Los Bateles, en Conil (29/9/89), en el que un grupo de jóvenes confundieron las luces nocturnas de un buque británico de instalación de cableado submarino con un platillo volante, y a una pareja de alemanes que se hallaban pasando un buen rato en la arena con dos humanoides gigantescos. Un probable buzo o pescador también se convirtió en hermano mayor de ET para la ocasión, todo ello en una playa con poca iluminación y con presencia de otras personas que nada vieron. Como lo oyen, quiero decir, como lo leen. Por supuesto, el más afamado de los correcaminos ufológicos se interpuso con su repertorio habitual de insultos y demagogia platillesca.

Ah, y se me olvidaba el Curso Interdisciplinar Ciencia y pseudociencias: realidades y mitos, cuya web se actualizará pronto con los contenidos de la que será, a partir de marzo, su quinta edición consecutiva. Cambiamos de nuevo de escenario y consolidamos la oferta lectiva, única en España, por ahora. Próximamente comentaré aquí las novedades más relevantes. En el terreno editorial, la salida al mercado de la obra colectiva del mismo título supuso una novedad que se está vendiendo mejor de lo esperado por sus editores (no obstante, el maguferío preocupado por que sus productos aptos para almas blandas y amantes del misterio y la magia -no la de James Randi, que es un escéptico- puede estar tranquilo que no creo que el mercado paranormalófilo se resienta, je, je). Con los derechos de autor produciré una serie para televisión de carácter pesimista que llevará por título Desencantado con el planeta

Manolo elmás sugería en Magonia aprovechar el tirón de Bélmez para intentar acabar con los consultorios televisivos de tarot, los astrólogos y otros sujetos similares, de los que no hay televisión privada que no acoja en su seno, señor. Mi teoría es que todos los organismos necesitan evacuar sus deshechos; así, el organismo televisivo emite a las tarotistas y adivinadoras como quien caga; es una necesidad tecno-biológica. Le comenté a elmás que no creo que, desgraciadamente, se pueda realizar una labor con estos desvergonzados similar a la llevada a cabo con la patraña de Bélmez: se trata de un producto televisivo inmune a la crítica, ignorantes absolutos que lo aguantan todo mientras salgan en la tele. Por ello, creo que vale más la pena abordar leyendas como la de los pintores de teleplastias, que es más efectivo entre los interesados. Se ha logrado por primera vez romper el escenario habitual de lo paranormal, un escenario en el que este cajón de sastre aparecía como un género en sí mismo, como no sujeto a cuestionamiento alguno, sin respiraderos críticos. Esta brecha producida en un medio de comunicación nacional como El Mundo es lo que ha molestado profundamente a los creyentes y fabricantes de misterios. Es la sensación de coto vedado la que ha caído. Lo que debe hacer el colectivo informal de críticos es continuar la labor emprendida en Bélmez y propiciar que lo normal, lo habitual, lo que tenía que haber sido siempre, es que los magufos sepan que van a ser requeridos y preguntados respecto a cualquier afirmación fantasiosa con que salgan. Como en cualquier otro tema. Y, lo que es más importante: para no confundir y tomar el pelo al público haciendo pasar por investigación lo que no es más que una representación amañada para confirmar creencias ocultistas previas. De paso, que los jóvenes aficionados descubran que lo natural y lo intelectualmente arriesgado es el escepticismo. Usemos Internet para divulgar la crítica de todas las formas de paranormalidad disfrazada de investigación racional.

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Los penes de Bélmez

Me permitirán que haga una introducción sobre hipotéticos penes paranormales. Se supone que en el Más Allá, perdón, el más allá (el Más Allá es un panfleto pseudo-cultural) los seres siguen teniendo una personalidad, una decencia y un saber estar. Por eso no tendría sentido que en Bélmez se hubiesen teleplastificado penes. ¡Qué escándalo, en 1971, que en una casa andaluza hubiesen comenzado a aparecer semejantes órganos en la pared! Menos mal que fueron caras, como corresponde a muertos, difuntos o ingresados en el más allá como Dios manda. Hasta los muertos dan la cara. Y es que si hubiesen dado el pene se habrían podido producir situaciones embarazosas (no hagan asociaciones de ideas facilonas, por favor): imagínense que alguna viuda visita la casa en cuestión con los penes ahí colgando en las paredes, cipote que te crió en lugar de la Pava, por poner un ejemplo, y lo reconoce: no puede ser, me recuerda a mi marido. ¡Qué número! Y el alboroto consiguiente contra la dueña de la casa, que a ver por qué aparece el pene de mi marido en su casa, que a ver dónde se ha visto eso, y que ahora me quedo con la duda de la fidelidad de mi marido, y si el muy… le habrá enviado un recuerdo desde el más allá a esta fresca…. Pero no, al final lo que se manifestó, impregnó o teleplastificó con brocha y pincel fueron unos cuantos caretos insulsos. ¡Qué poca imaginación tienen en el más allá, o en la otra dimensión! Semejante bobería viene rodando desde 1971 hasta la actualidad, bien es cierto que con largas temporadas de olvido, resucitado periódicamente por aquellos que no han encontrado mejor forma de estar en el mundo que engañarse a sí mismos y a los demás. Pero ya no rueda mas lo de Bélmez. A Bélmez le han parado los pies, y el maguferío tiembla de rabia.

Las caras de Bélmez eran para mí un curioso pasteleo que me caía lejos, una historia de la que no comprendía por qué no había sido explicada, debunkizada y derribada completamente. Su fama y aureola de misterio clásico lo hacía un bocado especialmente apetecible al que no pude hincar el diente por residir a mil y pico kilómetros. No ocultaré la satisfacción que siento ahora por la aclaración mediática de esta farsa enquistada. Las revelaciones de Pueblo al año siguiente de saltar la historia habían quedado sepultadas en el olvido y por supuesto ningún fabricante de paradojas había vuelto sobre ellas en sus libracos o en los especiales de revistas magufas. En más de una ocasión me lamenté de que el enigma de Bélmez no hubiese sido destripado y explicado completamente, que es el destino natural de los enigmas y misterios de este mundo, a no ser que seas un redomado sinvergüenza y digas en público lo contrario.

Pero ha bastado un mes y pico para tirar por los suelos un misterio con casi 35 años de antigüedad. Pero bueno, tampoco hay que exagerar: Bélmez no ha sido un misterio en su puñetera vida, eso lo sabe hasta el que asó la manteca, si es que tal sujeto tenía dos dedos de frente y no se dejaba camelar por los prestidigitadores de la irracionalidad más pedestre, de los que hacen periodismo de hinbestigasión, cambian el tono de voz en antena o en la tele, ponen musiquitas para acojonar al radioyente y sitúan al mismo nivel al científico y al pelanas de turno. ¡Qué mierda más fraudulenta!

El misterio de Bélmez, el auténtico misterio de Bélmez, era cómo ha podido perdurar semejante majadería durante tantos años en la conciencia colectiva de los aficionados al misterio, cuando habría bastado un poco de tiempo y esfuerzo para pulverizar lo que nuestros próceres de lo paranormal deslizaron en los medios y grabaron, por añadidura, en las mentes “educadas” en las variantes del ocultismo contemporáneo, por obra y gracias de los Jiménez del Oso, los Benítez y demás novelistas, exclusivamente novelistas (con perdón de los novelistas que puedan leer estas líneas).

Un mes y pico de trabajo de gabinete escéptico tipo CSI… No ha hecho falta ir a Bélmez disfrazado con chaleco de cazafantasmas alicantino. Bastó con las sugerencias de Francisco Máñez, y el trabajo colectivo desarrollado en la lista de correo electrónico Charlatanes. De esta lista partió la iniciativa de enviar un escrito de protesta a los medios de comunicación españoles contra la cobertura partidista de lo paranormal. Lo firmaron más de 250 personas y fue suficiente para acabar con la pamplina belmeziana. No les cansaré con otra versión de los hechos: visiten los últimos post de Yamato, de El retorno de los charlatanes, de Razones para dudar de Uno por uno, uno; uno por uno, dos; uno por uno… y el especial de el escéptico digital, y podrán hacerse una idea de lo acontecido estos días. Sabrán cómo se fabricó esta historia y cómo fue demolida por un grupo de personas interesadas en la divulgación del escepticismo, y en que en los medios de comunicación dejen de hacer el ridículo presentando a desahogados como si sus historietas e inventos estuviesen exentos de crítica. Es poco probable que se produzcan deserciones masivas de la religión de lo paranormal en España como consecuencia de lo publicado. De hecho, los figurones mediáticos sabrán recomponer el misterio con el paso del tiempo; ya hay algunos indicios en este sentido, como buenos camaleones, culebras hábiles en zafarse ante la parroquia crédula de la puesta en evidencia total que ha supuesto la publicación en El Mundo de esos importantes artículos para la pequeña historia de lo paranormal en España. Estoy seguro de que todo este revuelo habrá servido, en cambio, para que a algún pibe veinteañero aficionado a los enemas de la ciencia le haya hecho click en su coco la parte relacionada con “no me tomen el pelo, ni crean que soy imbécil; quiero pruebas de lo que usted me está contando; no me adules, mamón”. Me conformo con esto. Es de desear que a partir de ahora, y era otro de los objetivos del manifiesto, los medios de información general consulten a fuentes de información críticas antes de dar por buenos ciertos asuntos. Ya tienen las direcciones de correo electrónico de esas fuentes; la ética profesional la tienen que poner ellos.

Tengo un amigo que esta escribiendo un paper para Nature. Intentaré convencerle de que deje de escribir machangadas y que le proponga al editor y a los árbitros un artículo sobre Bélmez, sobre su fabricación, cultivo y desmoronamiento. Portada segura. Para ahorrarle trabajo aquí le dejo las key words:

Bélmez, caras de cemento, caraduras, desfachatez, paranormal, Germán de Argamasa, Bender (¿Hans?), el robot de Futurama, alcaldesa, negociete, Franco, sales de plata, dondedigodijedigoDiego, Milenio3, a-mí-no-me-salpica-esta-mierda, escépticos, CSIC, muentras-en-sobrecito de azúcar, tumbas-sin-nombre, me-desmarco-por-la-tangente, la Preysler, aceite, agua, fregona, denuncias, pa-chulo-yo, chalequito-multibolsillos-con-seip-escrito-en-la-espalda, centro-de-interpretación, El Mundo, gatos-teleplástidos, Cavanilles, el-montaje-de-Bélmez-se-va-a-la-mierda, más-denuncias, charlatanes-a-punta-de-pala…

Que el último apague la luz.

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Avistamiento XXL en la “alerta ovni”…

Vaya, qué pena que no hubo ningún fabricante de platillos volantes la noche del 24 de junio de 2004, noche de la alerta ovni de Milenio 3 o Tercer milenio o tercera tomadura de pelo o como quiera que se llame el programa que conduce un tal Jiménez, que habla por la radio de cosas raritas, como el Alés en tiempos, pero con glamour y afectación posmodernos. Padre e hijo alerteros, cultivadores de una superstición radiofónica platillista, supositorio 270 mm. de calibre con cubierta de adulación del simplón gusto mayoritario, iniciativa ideológicamente frikie, exitosa mediáticamente porque gana lo estrafalario, lo ridículo y la radio basura, el pienso compuesto paranormal disfrazado de ciencia alternativa.

Digo que qué pena que no hubo fabricantes de platillos volantes pero no debería quejarme, ni manifestar pena ni aflicción, hombre de poca fe, porque los fabricantes de platillos volantes están por todos lados, cada día, en cada libro risible de ovnis publicado desde los años 50 del siglo pasado, exceptuado en España las cosas dichas y escritas por Ares de Blas, Ballester Olmos, Manuel Borraz, el señor de Magonia, las gentes de la Fundación Anomalía y tres o cuatro más por ahí por el mundo. Quitando estos, que son como niños, como niños que destripan un juguete para ver cómo es por dentro (y no se lo perdonan), los demás son fabricantes de platillos; ¡los hay a montones!:

El caso Manises (11/11/79) fue un platillo volante (¿de qué color eran los marcianos que viajaban en las acojonantes llamaradas de Escomb… perdón, en la nave extraterrestre?), no una monumental (y natural) confusión con las emisiones de las chimeneas de la refinería cartagenera de Escombreras, una atmósfera especialmente nítida, unos cuantos estímulos astronómicos, unas contramedidas electrónicas emitidas por un portahelicópteros contra el caza español que fue a inspeccionar la nada, y todo un proceso de creación legendaria por obra y gracia del mago platillista de turno por aquella época;

el 5 de marzo de 1979 los canarios no observaron los efectos en la alta atmósfera del lanzamiento de varios misiles Poseidon de la Armada norteamericana desde submarinos localizados en el Atlántico Norte, sino un petardo extraterrestre que viajaba en el astral, en el ultravioleta o en algún universo multidimensional de los que algún experto en auto-engaños (y en intentar contagiar a los demás) fabrica en su cabeza;

en el barrio de Zurbarán de Bilbao, en agosto de 1976, un poderoso platillo volante se apareció a los del lugar, nada de humo iluminado por los Altos Hornos de Vizcaya y el croar de un sapo partero que interpretó los efectos especiales sonoros, como pusieron de manifiesto Félix Ares, Luis Alfonso Gámez y Jesús Martínez Villaro;

y lo que vio el comandante Lorenzo Torres el 4 de noviembre de 1968 volando sobre la costa oriental española no fue el planeta Venus (a pesar de hallarse localizado justo en el lugar en que se encontraban las misteriosas luces) sino una nave de origen desconocido que realizó varias piruetas alrededor del avión. Es un detalle “sin importancia” que en unas declaraciones efectuadas el año siguiente al suceso el relato del piloto no citase estos detalles y que sus palabras fueras mucho, pero mucho más comedidas que después de pasar por las manos de un conocido fabricante de irracionalidades y patrañas pseudoespirituales;

tampoco la aventura de un grupo de soldados de reemplazo en la playa del Diablito (Gran Canaria) en abril de 1991 fue una invención de un par de famosos correcaminos de los platillos volantes, ni la supuesta acción de reconocimiento efectuada por el Ejército del Aire fue una chapuza, como algunas fuentes militares pusieron de manifiesto (independientemente de la realidad o no de los hechos, que ya es “independencia”, por otra parte): lo que realmente ocurrió fue que en la citada playa se vieron unas luces y unas sombras a las que las balas disparadas por los soldados -atención a la película- dejaban indiferentes, mientras el helicóptero en el que se habían desplazado era sobrevolado por las misteriosas luces, que es decir lo mismo que platillos volantes, para qué nos vamos a andar con rodeos… Según uno de los soldados -soldados de reemplazo que fueron llevados a una playa turística a pegar tiros de madrugada durante media hora, gloriosa parida- los Cetmes fueron trucados para que no delataran su uso, y se ordenó boquita cerrada a todo el mundo. Mihterioh de la siensia

¿Y qué decir del Dr. Padrón y sus extraterrestres con mono rojo dentro de una esfera traslúcida de 30 metros de diámetro el 22 de junio de 1976 en Gáldar (Gran Canaria)? Pues eso, nada de los efectos de otro misil aberrantemente percibidos por el citado médico, un testigo convenientemente trabajado por unos cuantos ocultólogos, paranormalistas, nuevaeristas de saldo y alérgicos al sentido común. Entre centenares de testigos fue el único que describió semejantes imaginaciones, pero como suele ser habitual su testimonio se convirtió en el más citado y reproducido.

Bueno, otro día sigo con la lista, que es casi interminable; he apuntado los primeros episodios que me han venido a la mente, ejemplos del enema número 1 de la ciencia contemporánea, el “misterio” por excelencia, el no va más de los investigadores de campo y playa, la farsa mediática más ordeñada del siglo XX, la leyenda urbana solidificada, el rumor de granito, el fósil viviente de un monstruo surgido a mediados del siglo pasado. Volvamos con Magonia.

Lo interesante, lo bueno, es que a pesar de todas las batallitas en los días anteriores a la alerta, de todas estas afirmaciones pro-platillistas y de las réplicas escépticas, hubo avistamientos, concretamente un mega-avistamiento (sic), según informó una fuente anónima en Magonia, añadiendo que lo que fuese aquello no se sabe, pero fenómenos extraños se vieron en el cielo esa noche, y, por suerte, no fueron obra de ningún escéptico ocioso. De una cosa estamos seguros: no fue obra de escépticos, ni ociosos ni atareados (al menos ninguno declaró haber confeccionado platillo volante alguno); pero de lo que no estamos seguros los escépticos es de que fuera un fenómeno extraño lo que supuestamente se vio la noche del 24 de junio dentro de la alerta ovni (que es como decir “¡miren al cielo de noche, se pueden ver platillos volantes!”). ¿Por qué fue un fenómeno extraño? Pues porque lo dicen los hipotéticos testigos y los feligreses se lo creen; se lo creen porque sí, porque les da la gana, sin pruebas. No las necesitan. El misterio existe, les basta el “testimonio”.

El mismo que declaró solemnemente sobre la presencia de algo raro en los cielos nocturnos de la alerta fue el que a continuación soltó que claro, claro. Lo que pasa es que el escepticismo está condenado al fracaso, porque nunca jamás va a lograr demostrar la inexistencia de fenómenos paranormales, UFOs, teleplastias, etc., etc., etc. y mil etcéteras más. ¿Creen ustedes que esta sandez fue escrita así? Pues no, he corregido seis faltas de ortografía en la versión original; pero la idea se cogía, estaba clara: son los mihterioh de la siensia. Demostrar la inexistencia de algo es difícil; es como si yo pretendiese demostrar que no existe el hombre del saco. ¿No será que lo que hay que probar es que algo existe por parte de quien lo cree? Hala, a pensar, humanoides…

El proyecto Magonia no funcionó respecto a la fabricación de platillos volantes, pero sí en lo relativo a no ponérselo fácil a los tradicionales estafadores de la cultura. El cabreo, los insultos, las falacias, los estúpidos clichés de siempre escuchados y leídos los días anteriores a la romería platillista apta para las nuevas generaciones de crédulos, fueron prueba de que el experimento sociológico-barsimpsoniano de Magonia tuvo un tanto por ciento de éxito. Yo me conformo, en esta primera edición magonífera, con que algún interesado en los pseudomisterios radiofónicos se diera cuenta de que todo esto es algo que hay que tomárselo a coña. En cierto sentido, el proyecto fue la puesta en práctica de aquello de que vale más una carcajada que mil tercermileniadas

Tratamiento equitativo de lo “paranormal”

Lo paranormal, los ovnis y demás cosas raras parecen estar exentos del tratamiento normal que en los medios de comunicación se dispensa a otros aspectos de la actividad humana. Y digo humana, sí, tratándose de paranormalidades y de ovnis. Ese tratamiento normal es el que presenta las dos caras de la moneda, los pros y los contra, el que le da un espacio equivalente a los que están a favor y a los que están en contra, en particular en programas informativos como los telediarios. Recientemente tuvimos el enésimo ejemplo de tratamiento, no ya desigual, sino en sí mismo partidista, incompleto y desinformativo con la tontería esa de las caras de Bélmez, que mira que han ordeñado la cosa desde 1971. Me ahorraré contarles la historia, pues ya está perfectamente detallada en otros blogs como este y este.

La asepsia informativa no es habitual; lo frecuente es que lo paranormal o cualquier invento criptozoológico, platillesco o de embrutecimiento, perdón, de cambio de la conciencia para jóvenes y entidades cándidas que se administran su dosis de basurrilla mensual en papel cuché multicolor aparezca como Pedro por su casa en los medios de comunicación, sin que al reportero de turno parezca sonarle raro lo que está oyendo, como si lo que le está contando el patán acientífico de turno fuera un género en sí mismo, una perspectiva, una posibilidad, de tal forma que alguien, imbuido de una versión fallida del concepto de libertad de expresión podría llegar a ver con malos ojos la crítica o la refutación de la parida misteriófila que acaba de escuchar. Esto es lo que permite que cosas tan chuscas como los caretos de Bélmez aparecieran en los telediarios con el mismo mimo, tiempo y relevancia que si se hubiese ajustado al 100% la causa de la extinción de los dinosaurios. Y si en este caso es de suponer que los científicos hablarían de posibilidades confirmadas (los pros) y muy probablemente -habría sido lo correcto- habrían entrevistado a voces críticas de la explicación total (los contras), en el caso de Bélmez no ocurrió así: el paquete va entero, sin voces discordantes, sin “quisiera apuntar otras posibilidades menos fantásticas que las de los paranormalistas”, sin que los periodistas televisivos se preguntaran en ningún momento si no estarían colándole un gol a la audiencia, es decir engañándola con una absurda representación en la que un señor con un boli en la mano y rodeado de una penumbra ad hoc señalaba algo en el piso, mientras desbarraba un rato sobre los acojonantes misterios que rodean el pueblo jiennense. Me pareció estar viendo una parodia de los Simpson…

Para remediar un poco la situación ventajista de que los señores del misterio industrial gozan en los medios de comunicación se está gestando una iniciativa hasta donde sé pionera en España, surgida de la lista de correo electrónico Charlatanes y promovida inicialmente por Mauricio José Schwarz. El próximo día 20 de noviembre se difundirá a todos los medios nacionales y extranjeros acreditados en España un dossier crítico sobre Bélmez, con el que se espera conseguir que los periodistas adquieran la sana e ineludible costumbre de consultar a fuentes opuestas sobre los temas paranormales y misteriosillos, platillos volantes estrellados, luces populares (¿se referirán a las de las verbenas?), Yetis, vírgenes que lloran sangre y otros efectos especiales, viajes astrales y un laaaaaargo etcétera, además de, por supuesto, las pinturas belmecianas en el cemento.

¿Qué podemos hacer mientras? Podemos firmar antes del día 20 el breve texto que acompañará el dossier citado, que reproduzco a continuación. Para firmar debe ir a esta dirección web y cumplimentar las casillas que aparecen en la parte inferior.

POR EL DERECHO A UNA INFORMACIÓN CRÍTICA EN TEMAS CIENTÍFICOS

Desde principios de octubre, los medios informativos españoles han dedicado gran cantidad de tiempo a difundir como un hecho la afirmación de que ciertas manchas presentes en una casa en Bélmez de la Moraleda, Jaén, son rostros humanos producidos de forma paranormal, afirmación que se extiende a la primera casa en la que se pueden ver estas caras desde 1971.

La única fuente informativa citada en todos los casos es una asociación relacionada con la explotación económica del fenómeno durante los últimos años y que carece de toda representatividad y rigor científico, y que no está acreditada en modo alguno, llamada SEIP, Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas, a cuyos integrantes se ha presentado como “científicos” sin serlo y “expertos” sin sustentarlo.

Los medios no han mostrado interés alguno en acudir a otras fuentes para contrastar estas extravagantes afirmaciones. Desde hace 31 años, al publicitarse por primera vez este caso, se han ofrecido explicaciones al fenómeno y éstas han sido difundidas por organizaciones como ARP-SAPC (Alternativa Racional a las Pseudociencias-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico) que reúne, entre otros, a destacados científicos y miembros del mundo académico español. Numerosos sitios en Internet, publicaciones, análisis, estudios críticos y otras fuentes ponen en duda tanto la explicación paranormal de las caras de Bélmez como la seriedad y credibilidad de la SEIP y de sus dirigentes.

Quienes suscribimos la presente consideramos que esta situación vulnera lo dispuesto en el artículo 20.1.d) de la Constitución Española, que garantiza el derecho A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión, ya que la información al respecto ha sido tendenciosa, sesgada, sin contrastar y en general desaseada y amarillista, en modo alguno veraz.

Igualmente consideramos que la presentación de esta información seudocientífica sin contrastarla y sin dar espacio a una visión equilibrada de tal información propicia la difusión de las supersticiones, promueve el ocultismo, va a contracorriente de los esfuerzos educativos esenciales para la sociedad española y se opone al pensamiento crítico que es la esencia de toda sociedad libre y democrática.

Por ello, de manera atenta pero enérgica solicitamos que se tenga en consideración el dossier que se ha preparado sobre el caso, que resume la visión crítica sobre el siempre sospechoso caso de las caras de Bélmez, y esperamos que se le dé una difusión similar, en cuanto a atención, espacio y tiempo, a la que se le concedió en las semanas anteriores a la publicidad de la SEIP y del Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda.

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Mauricio José Schwarz(enegger) corrige el tiro (o sobre el umbral de la desfachatez)

En su último post M. A. Schwarz comenta una respuesta que le envió Juan Sardá, el periodista que escribiera un artículo elogioso en el suplemento La luna de metrópoli del diario El Mundo sobre un magufo parapsicólogo, del sub tipo de los que engordan su currículum con cosas inventadas y totalmente falsas. Schwarz le recriminó a Sardá que, sin informarse adecuadamente, presentara al teleplástido en cuestión como un investigador confiable de lo anómalo, que no lo es, ni mucho menos.

Sardá encajó directo estupendamente, y aceptó la crítica, aunque el estilo flame de Schwarz no fuera de su agrado. Según comenta el mexicano, Sardá …decidió hacer tres cosas de manera razonable y mesurada: primero, admite el error, cosa que es de gente bien nacida y admirable en estos tiempos; segundo, me reclama mi exceso verbal en mis ataques a su profesionalismo periodístico y, tercero, no permite que esto obste para, con clara honestidad periodística, ofrecer un lugar a la visión crítica de la charlatanería en su espacio periodístico (y honestamente diciendo además, en mensajes privados, que no dejará de preguntarle su opinión a Pedro Amorós [esto es, el de las teleplastias] lo cual me parece natural).

Cito estos comentarios como preámbulo de lo que quiero resaltar a continuación (y porque yo también me hice eco en su momento de la situación). Schwarz continúa así: La reacción de Juan Sardá ha sido ejemplar, sobre todo porque reconoce que el fondo de la crítica tiene solidez y porque no ha permitido que la forma lo obnubile. Por el contrario, en un mensaje privado, que cito con su autorización, me dice que la historia de Amorós le parecía extraña, pero que también le parecía fuerte que alguien fuera capaz de inventarse cosas semejantes. Dicho en buen romance, lo que yo interpreté como complicidad o desaseo periodístico fue, simplemente, la reacción natural ante tales embustes. Periodistas como Juan Sardá, y muchísimas personas inquietas, no pueden concebir los niveles de desfachatez que acostumbran los paranormalólogos.

Esto es lo curioso. Yo sé de tipos que ven marcianos todas las noches, que reciben la comunicación de unas entidades evolucionadas especializadas en derivar hacia el mar la energía sísmica y evitar así terremotos y erupciones volcánicas (como lo oyen) como en Tenerife recientemente (se supone que la noche anterior al terremoto de Ban, en Irán, estas entidades muy evolucionadas debieron estar de borracherra y se les fue el baifo), que se pegan sus viajitos astrales para visitar a mamá Blavatsky, y luego es posible que se pongan corbata y que den el pego de sensatos. Y más que lo dan otros cuando se ponen una cazadora coronel Tapioca con dos millones de bolsillos para guardar la libretita marca Guerrero, el bolígrafo, la cámara de fotos, la brújula y otros adminículos que lo convierten a uno en un investigador que te c…, todo ello para montar el ridículo teatrillo del misterio infatiloide. Sería interesante reflexionar en otra ocasión sobre la imagen popular de ciertos científicos. Ésta, en su vertiente buena, es doble: unos llevan bata blanca, son doctores, y son el arquetipo (con perdón) del sabio contemporáneo (alguno, de tarde en tarde, se echa al monte, emplea palabras en los medios de comunicación de poco uso entre el vulgo, como célula y metabolismo, aseguran haber inventado un curalotodo maravilloshíshimo, pegan pases de pecho a periodistas mansurrones y yo sigo siendo el rey, etc.). Otros se pasan la vida al aire libre, haciendo agujeros por aquí y por allá, buscando restos de todo tipo, tienen la piel curtida y aire aventurero, llevan con derecho propio el nunca bien ponderado chaleco multibolsillos y sufren una enquistada plaga de pseudocientíficos empeñados en ver cosas raras por todos lados, en megalitos, en pirámides y en todo resto arquitectónico que no sea el acueducto de Segovia. En su vertiente mala, practican la Frankenciencia, y forman parte de conspiraciones para ocultar cualquier cosa que a ustedes se les ocurra; suelten su imaginación, déjenla triscar por las zonas más irracionales de su cerebro y encontrarán varios ejemplos.

A lo que iba, que se me va el hilo: muchos periodistas, y muchos que no son periodistas, no son capaces de imaginar las barbaridades que algunos expertos en humo son capaces de decir de palabra y por escrito. O dicho de otro modo: el nivel de desfachatez de nuestros próceres de lo paranormal supera el umbral de lo que es razonable esperar. En el ámbito de la publicidad, o de la venta de objetos de segunda mano, por ejemplo, siempre es razonable presumir cierto aire enrarecido per se. Siempre sabes que lo están adornando o exagerando, y lo tienes en cuenta; pero en el terreno de lo paranormal y de los misterios, del careto de Marte y de los caretos de Bélmez y otras minucias aptas para que las agencias de prensa engañen sin querer a las empresas periodísticas y, por añadidura, a los lectores, es más difícil detectar la trampa al desconocedor del patio de los enigmas periodísticos. No hay límite, van a saco, la mentira va en bruto, sin valelina, directa a las tragaderas del creyente en el mundo aterciopelado de los enigmas alternativos. A última hora me entero de que a la Universidad de Alicante le han metido un gol. Saben jugar al fútbol estos magufos.

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Siempre negatifo, nunca positifo

Se quejaba Louis Van Gaal, cuando entrenaba a un por entonces semi-pupas Barcelona (la más alta categoría de equipo pupas la sigue teniendo el Atlético) de que los periodistas deportivos eran incapaces de ver nada positifo en su labor, sui géneris pronunciación del término castellano inspirada en su recio idioma nativo. La cantinela de Van Gaal, que acabó siendo popular y muy imitada, me recuerda a una de las quejas habituales del mundillo creyente y magufo dirigidas a los escépticos ante las creencias paranormales, los humanoides extraterrestres y otras criaturas elusivas e imaginarias: siempre negativos, nunca positivos. O en traducción explícita y malsonante: no me toques lo mío y vete a la mierda, que es lo que siente el creyente en maravillas construidas con los ladrillos del descaro, del lucro, de la chulería anti-científica, del plagio de viejas historias ocultistas y de la inspiración refrita en teorías trasnochadas como la de los astronautas de la antigüedad, más o menos de la edad de piedra, o por ahí.

Comentaba hace un poco en un blog magonífero un señor de mente abierta que para qué c… se habrán reunido los escépticos de medio mundo en Italia hace escasos días. Le parecía extraño: Desde luego hay cada cosa por ahí, decía el hombre. Quizá le parezca menos raro que un periodista iniciara un libro de platillos volantes en los años setenta con la pretensión de que había aportado las pruebas de que los extraterrestres nos visitan, y que no se diga, que aquí estoy yo para probarlo, con mi cazadora indianajonesca y mis cc… La verdad es que sí, que tiene razón el amigo, que hay unas cosas más raras por ahí… Caras de moai. Por la dureza, quiero decir.

Luego se hacía estas preguntas, que yo le responderé sobre la marcha para socorrer su desconocimiento: ¿Reuniones de escépticos?; sí, igual que las hay de fabricantes de realidades alternativas y de planificación editorial mensual para vender mejor en papel cuché la última ocurrencia magufa, o el último testimonio del que vio al chupacabras copulando con cuatro gallinas, en cadena, antes de zampárselas. ¿Escépticos respecto a qué?; pues con casi todo, en particular con todos los tópicos paranormales y misteriosos imaginables, y con buena parte de las creencias religiosas que pretenden ganar verosimilitud recurriendo al sello de probado científicamente. Pero lo más importante venía a continuación. El quejón dijo que: Me imagino las palabras más recurrentes allí pronunciadas: no, nunca, jamás, indemostrable, etc. Si es que sois la alegría de la huerta, machos. Esto es el negativismo, cliché un poco tonto que es dirigido hacia los escépticos con frecuencia. Es un cliché, y además es falso, porque los escépticos informados no niegan por negar, sólo ponen en duda, y cuando se halla una explicación plausible a un fenómeno, por mucho que le duela al creyente en su imaginación y al magufo en su cuenta corriente, lo comunica para general conocimiento. Y el sedicente investigador, mientras, pues a mirar para otro lado, a esperar un tiempo y a meter luego la misma morcilla requemada en aceites ocultistas y paranormalófilos docenas de veces a los nuevos creyentes. De los pedruscos del doctor Cabrera a la telita de Turín todo es uno, en el fondo, y todo apesta con el mismo tufo de credulidad y desahogo.

Bien que con estas cosas, con el piropo de que los escépticos somos la tristeza de la huerta en lo relativo a los marcianos y demás alienígenas siempre cuestionados (y es fácil comprobar que hay docenas de razones para ello), se pueda estar manifestando un cierto malestar existencial por la presencia de los escépticos en los medios de comunicación; que es entendible que te moleste que alguien te espete que no existe ni una sóla prueba de la presencia de extraterrestres en este planeta, cuando es una creencia íntima que albergas, en la que piensas a menudo y que te gustaría ver confirmada, que probablemente se acerca bastante a un vago sentimiento religioso, porque las humanidades del cosmos nos sacarían, es de suponer, de este puto aburrimiento. Lo entiendo, sobre todo lo del aburrimiento, pero para no aburrirme yo leo a Lovecraft, no a sinvergüenzas de la pseudo-cultura que se aprovechan de ese mi -tuyo, quiero decir- sentimiento religioso o necesidad cósmica. ¡Cuántas cosas interesantes, positivas, enriquecedoras, desafiantes y entretenidas en el terreno del conocimiento se pierden los creyentes convencidos de lo paranormal y de los misterios casi en abstracto, por no ser capaces, o no querer poner en duda lo que no es más que una creencia sin fundamento, más cuando, según ellos, ese fundamento existe en la naturaleza y podrían exigir la presentación de esas pruebas a quien dice poseerlas. Quizá sea mucho pedir porque, por desgracia, estamos en un terreno donde por pruebas se entiende algo realmente distinto a lo que es habitual en el campo de la ciencia. Las creencias previas son inamovibles y sólo desean hallar indicios, señales y causalidades que las confirmen y fortalezcan. No me molesten con revisiones, me basta lo que yo creo, lo que yo quiero creer, lo que yo entiendo que es una prueba o una confirmación avalada por la palabra de una pretendida autoridad. Estos pueden ser los criterios usados en este mundo de lo alternativo y paranormal.

Pero al final el creyente la caga, con perdón, cuando dice: Con vosotros [los escépticos] todavía seguiríamos en las cavernas. Para poder avanzar es necesario imaginarse que algo en principio imposible puede llegar a ser posible. Si fuese por vosotros, todavía andaríamos tirando del carro. Te vas a una librería, te compras un librito de historia de la ciencia y te lo estudias; ¿de acuerdo?

Cartitas para los medios

Me apetece citar el penúltimo post de ese Terminator :-) del escepticismo que es Mauricio José-Schwartz, en el que nos pone sobre aviso, de nuevo, sobre un magufo con delirios de grandeza, que es casi como decir que alguien ha visto un caballo que relincha. Se queja el citado -el magufo no, Mauricio; el magufo, en este contexto, sólo puede quejarse de padecer galileocidad, es decir, aquella sintomatología que define el complejo de Galileo- de un artículo elogioso, casi besucón, sobre el parapsicólogo aparecido en el semanario La luna de metrópoli del periódico El Mundo. Parece que el autor del artículo no tuvo el más mínimo interés en documentarse un poco antes de redactar sus líneas. Quizá porque todo quedaba en casa, y hay que hacer publicidad de los engendros nautilescos. (Por cierto, para que no se diga, yo también hago publicidad: les recomiendo vivamente el libro Ciencia y pseudociencia: realidades y mitos Equipo Sirius colección Milenium, Madrid, 2004).

Al final el autor apunta dos posibilidades para tratar de corregir un poco la metedura de pata: enviarle un correo al elogiador del magufo detallándole sus antecedentes o bien preguntarle a la dirección de El Mundo qué pretende con este tipo de reportajes. Esto de quejarse a los medios por ciertas cosas, entre ellas las magufas, es una sana costumbre, que algunos confunden interesadamente con el entorpecimiento de la libertad de expresión. No les queda nada… Y me acordé -me acuerdo casi todas las semanas- de una recomendación del debunker Robert Sheaffer, que en 1986 escribió en Veredicto OVNI. Examen de la evidencia (esta traducción española es de ediciones Tikal, Gerona, 1994) lo siguiente. Se refiere en particular a los ovnis, pero es igualmente válido para cualquier otro tópico misterioso, anómalo o de la quinta dimensión:

Si usted estudia con ojo crítico un incidente ovni en particular y descubre un error grave en la información, o comprueba que la misma ha sido manipulada por selección u omisión, ¡intervenga! Escriba una carta al periódico o al productor del programa de televisión; conozco unos cuantos casos en los que las personas que señalaron tales errores fueron invitados a participar para aclarar el tema. Si los responsables de los medios se muestran irracionales y no le hacen caso, tal vez le interese presentar una queja al director de la cadena o del periódico, o tal vez quiera someter su opinión acerca del tratamiento informativo a las revistas de crítica periodística.

He seguido el consejo de Sheaffer en unas cuantas ocasiones, igual que otros elementos del colectivo escéptico canario aun sin haberlo leído probablemente (esto no es nada paranormal, creo), siempre que nos topamos con actividad magufa por encima del nivel basal. Por ejemplo, una charla sobre el universo multidimensional, unas jornadas sobre misterios de la ciencia o sobre un presunto psicólogo que regresa a los que engatusa a sus vidas pasadas, variedades de ocultismo contemporáneo. Algunas de estas cartas eran accesibles en Internet en la web Magufomedia, actualmente desactivada. Espero que tales escritos estén pronto disponibles en la red para que sirvan de modelo o inspiración a los interesados en ejercer el derecho a réplica ante las afirmaciones extraordinarias, misteriosas y diversos cuentos de la vieja/o majadera/o.

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Compendio escéptico-divulgativo

Como es sabido y evidente el mercado editorial de lo alternativo y misterioso publica mucha mierda: teologías posmodernas en formato caballos de trolas, conspiraciones sobre el atentado del 11 de septiembre de 2001, paridas imaginadas por los caras de Bélmez que no hay quien se crea y otras muchas de tipos que se dedican a reescribir la historia como si los historiadores contrastados fueran unos inútiles y unos zoquetes que no habían percibido la conexión oculta de tal o cual acontecimiento histórico. Es posible trazar una línea que una los engendros citados con toda esa numerosísima quincalla de libritos de cambio de conciencia, angelitos que nos protegen, maestros ascendidos, reencarnaciones y otras píldoras de auto-engaño. Precisamente el auto-engaño es lo que hace posible, de entrada, apercibirse de esa conexión; pero no sólo eso: es más importante la vinculación que se produce en el universo ideológico que todos ellos comparten en mayor o menor medida: cambios de paradigma, apertura mental, negativismo, escepticismocomolepranefanda, etc. Esto da para mucho, porque es entrar en el mundo de pensamiento mágico, gran solar parcelado en el que habitan desde los cazadores de marcianos con ademán de estar de vuelta de todas las batallas magufas hasta el tarotista televisivo, espiritista y amanerado, todo ello al mismo tiempo. Pero no es el momento de cerrar la mente a todas estas vergüenzas sino de abrirla a tope para hacer unos breves comentarios sobre una novedad editorial: CIENCIA Y PSEUDOCIENCIAS: REALIDADES Y MITOS, editorial Sirius, Colección Mileniun, 2004). Sus editores científicos son Inés Rodríguez Hidalgo Instituto de Astrofísica de Canarias/Departamento de Astrofísica de la Facultad de Física de la ULL; Luis Díaz Vilela, del Departamento de Psicología Cognitiva, Social y Organizacional de la ULL; Carlos Álvarez González, colega de Departamento del anterior; y José María Riol Cimas, del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la ULL.

La obra está escrita por 26 autores y basada en la segunda edición (2002) del curso Interdisciplinar Ciencia y pseudocencias: realidades y mitos de la ULL, del que tendremos quinta edición el próximo año.

Tengo la suerte de haber vivido de cerca el proceso de gestación de la obra, desde que surgió la idea de plasmar por escrito la citada segunda edición del Curso de la ULL hasta su presencia final en las librerías, pasando por la laboriosa tarea de edición de los originales y el contacto con los autores para sugerirles cambios y mejoras. Felicidades a los cuatro editores: han producido una obra inédita y por tanto pionera en España en lo que a la divulgación del escepticismo se refiere y a la divulgación de los principales campos científicos contemporáneos, que son las dos grandes partes del libro. Entre ambos terrenos existe, pensamos, una relación simbiótica, aunque cada uno frecuente una trinchera u otra con más frecuencia. Espero que sirva de ejemplo y en los próximos años veamos ensayos y monografías en el mercado editorial español que empiecen a compensar la abrumadora presencia de los delincuentes culturales especializados en dar gato por liebre libraco tras libraco. Y si alguien cree que esto es una falta de respeto a la libertad de opinión y publicación de no sé quién pues que se tome dos tazas de este caldo…

Otra suerte paralela a la anterior, paralela pero de esta dimensión, no paralela por multidimensional, como el universo por donde revolotean los astralófilos, es la de tener a un buen número de amigos entre los autores, escépticos, activamente escépticos, tinerfeños la mayoría, que viven aquí quiero decir, colegas de vasilón y tar… Todos del frente anti-magufos, y que no decaiga, cual chatarra espacial, que hay mucho por hacer, muchas charlas que dar en institutos de Secundaria, en la ULL, en Ayuntamientos, muchos artículos que escribir, muchas refutaciones, muchas cartas de protesta, muchos programas de radio, muchas mentes que abrir escépticamente, mucha difusión de la cultura, de toda, sin adjetivos, porque esta es la mejor arma contra el engaño publicitario convertido en costumbre. Después de todo, la crítica al mundo prefabricado de ciertos medios de comunicación especializados en suministrar pienso mágico y alternativo para mentes abiertas y flotantes no es más que un paso previo para la necesaria revuelta total contra el mundo dado. Quizá la batalla final se dirima en este siglo. Pero ahora, a la mano, estamos ante un libro que trata de cultura, de una buena selección de temas de cultura (con permiso de uno de los editores, la cultura emerge por encima de los cerebros) que le permitirá echar un vistazo amplio a la ciencia y a un puñado de extendidas creencias, desde lo cerradamente irracional al amago de ciencia, es decir, pseudociencia. El prólogo es del conocido divulgador científico Manuel Toharia y la adecuada introducción justifica la existencia del libro sobradamente.

En la página web del Curso Interdisciplinar pueden acceder al índice de la obra: en la parte inferior de la portada está el link. También El lobo rayado ha subido algunos comentarios a su blog.

Por último, dos avisos:

El jueves 7 de octubre de 2004, a las 20:00 horas, tendrá lugar en el salón de actos del Centro Cultural Cajacanarias (junto al monumento al chicharro) en Santa Cruz de Tenerife la presentación del libro, con la presencia del Rector de la ULL, Ángel Gutiérrez (también participante en las ediciones posteriores del curso), y de los editores científicos.

Y el jueves 28 de octubre de 2004, a las 19:30 horas, se presentará en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, con la asistencia por confirmar de Manuel Toharia, de Manuel Calvo Hernando, presidente de la Asociación Española de Periodismo Científico, y de Jorge Ruiz, director de la editorial, así como de los editores científicos.

Otro día, con un poco de tiempo, subo una reseña más ortodoxa

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